“El Mineral de Naltagua” Clorinda Escartín G 1937

Un antiguo relato de San Antonio de Naltagua cuenta el duelo a puñal que sostuvo un joven José Miguel Carrera por el amor de bella dama Naltaguina y de las riñas con el cacique del lugar por el robo de ganado que sufría su padre a manos de los indios, actitud que marcó a Carrera, quien cambió su modo prepotente por la sencillez y el amor a su pueblo a tal punto que entregó su vida en aras de la patria libre y soberana.

Un antiguo relato de San Antonio de Naltagua cuenta el duelo a puñal que sostuvo un joven José Miguel Carrera por el amor de bella dama Naltaguina y de las riñas con el cacique del lugar por el robo de ganado que sufría su padre a manos de los indios, actitud que marcó a Carrera, quien cambió su modo prepotente por la sencillez y el amor a su pueblo a tal punto que entregó su vida en aras de la patria libre y soberana.
Naltagua, voz araucana que quiere decir “lugar de nalcas” nos recuerda que desde la antigüedad fue visitada por los aborígenes, luego paso a poder del Conde de Quinta Alegre, cuyos descendientes convirtieron un sector de esta enorme hacienda que se extendía desde Chocalán hasta El Rosario en el mejor huerto del país, ya que en él se podía encontrar una inmensa variedad de frutales, incluidos algunos tropicales como el plátano. Con el paso del tiempo el lugar contó con un Lanchadero hacia La Isla y en la actualidad es conocido gracias a sus bondades agrícolas como “Los Huerto de Naltagua. Unos kilómetros, al oeste estaban las casas de la administración de la hacienda, donde estaba “La Llaveria” del fundo San Vicente enorme propiedad en la cual en 1909 se instaló la famosa Fundición Naltagua la segunda en importancia en la zona central de Chile después de El Teniente y la más importante de provincia de Santiago al ser una pequeña ciudad y corazón que movía las actividades mineras que se desarrollaron en los cerros Naltaguina casi por cuarenta años.
Mineral y Fundición de Naltagua
En agosto del año 1909, se concluirán las instalaciones del establecimiento minero de Naltagua el cual cambio su artesanal explotación por un moderno sistema, gracias a capitales franceses.
La Empresa minera a cargo de las faenas, era la “Societé des Mines de Cuivre” con asiento en la ciudad de París.  Su gestor, el industrial Conde de Saint Semé, quien luego de ponerla en marcha, se trasladó a Europa, reemplazándolo el señor Henry Hall, que seria el conductor de nuevos y espectaculares rumbos, antes de dar paso a su sucesor, Jules Bouliniers.
Se  invirtieron millones de francos en su equipamiento, incluido un andarivel de seis kilómetros de longitud, que cruzaba de La Puntilla de San Antonio a la estación de El Monte.  Atravesando dos ríos, el Maipo y el Apoco, en un trayecto perfecto a tal punto, que el funcionamiento del mineral no se interrumpía ni en las peores condiciones climáticas, aún con ambos ríos desbordados.
A mediados de 1909, los frutos del progreso eran evidentes al enviarse a Francia 50 toneladas de cobre, justo el doble de lo extraído en forma rudimentaria hasta esa fecha.   La feliz proyección de este mineral significaba también, el progreso de la comuna a cuya jurisdicción perteneciera.  Con mucha habilidad y justicia, por ser el terminal del andarivel, la comuna de El Monte se puso en contacto con el Senador don José Tocornal, con sus aspiraciones.  El éxito de las gestiones Montinas fue magnífico, ya que el día 15 de Diciembre de 1909, el parlamentario presentó las demandas ante el Congreso Nacional, siendo aprobadas.
La veta mineral se haya en distintos lugares del cordón montañoso Naltaguino.  La más próxima a la Isla era la situada  en la Quebrada de Las Carretas, la antigua quebrada del “Agua Santa”; La más lejana, El Durazno, deslindando con El Alto del Carmen; la más alta, San Ramón, en la cumbre del Yerba Buena; y la más productiva, era La Higuera.  Inagotable veta cuprífera que mientras  El Establecimiento funcionó, aportó sin cesar su cuota cuprífera a la vecina fundición, por encontrarse donde hoy está El Escorial. Muchos otros piques resultaron improductivos, entre ellos el de Las Guías que dio en agua, cosa previsible si advertimos que allí existía una vertiente, de la cual se extraía el vital elemento para las necesidades del campamento con características de una pequeña ciudad.
El establecimiento minero de Naltagua, después de El Teniente, era el más importante de la zona central del país.  Su influencia se sentía desde Paine a Melipilla, entonando la economía de toda la zona.
El ganado destinado a la alimentación de los mineros, se compraba en la feria de Paine o Melipilla, llevándolo  a la mina por los cerros de Aculeo o Chocalán.  Las mercaderías se adquirían en Santiago, conduciéndolas en tren hasta El Monte, y desde ese punto en andarivel hacia Naltagua,  Es decir que Isla de Maipo solía ser  el gran postergado y ausente de esa ola de progreso minero.
Los 650 trabajadores del mineral estaban organizados en poderoso sindicatos, que obtenían grandes beneficios y acuerdos ventajosos, estimulando a los campesinos del fundo en el cual estaba la fundición, a seguir su ejemplo. Y vaya si lo hicieron! ya que el sindicato del fundo San Vicente de Naltagua, fue el primero ( y el único, por años) en obtener personaría jurídica en la Provincia de Santiago.( actual Región Metropolitana)  Se podría decir que frente a sus similares de los campos chilenos, los campesinos de San Vicente eran de clase media para arriba.
Las mujeres de los mineros también estaban  muy organizadas.  Ellas crearon una Sociedad de Damas, cuya influencia en los momentos críticos de la negociación laboral era fundamental.  Al intervenir en las reuniones sindicales amonestando a los dirigentes vacilantes, las señoras ofrecían cambiar sus  “refajos”, por los pantalones de  que dudaban.  Temidas en la propia Gerencia, y porque siempre exigían más con bastante éxito, se les bautizó con el apodo de “Las Menches”, en alusión a que hacían milagros como Nuestra Señora de la Merced en Isla de Maipo.
La red ferroviaria del mineral funcionaba en dos niveles.  El primero y más alto; podía transitar desde la mina La Carpa, en El Rosario; a su similar de San Ramón, en San Antonio de Naltagua; pasando por un túnel de más de cien metros.  El segundo nivel, iba desde El Buitre hasta la Fundición, prolongándose a la vez hasta  El Andarivel. El pique   El Buitre era el punto en el cual se recibían de la red s0uperior, los carros cargados de material, por medio sistema de piolas dispuesto en tal forma, que permitía subir los carros vacíos y bajar los cargados, en una interminable sucesión.  Ese vital punto, por unir todas las líneas  del tren minero, se llamaba “Trinidad”.
Entre los trabajadores del sistema ferroviario, había un funcionario al que se puede calificar como una auténtica maravilla de la voluntad de Dios.  Era don Alejandro Jopia, su labor consistía en seleccionar el carbón y en  los fríos y lluviosos inviernos su tarea  consistía en echar arena en las vías formando una cremallera artesanal, muy eficaz en impedir que las ruedas resbalaran en el riel.  Todo esto resulta natural para una persona normal, pero don Alejandro Jopia era totalmente ciego y para cumplir sus labores, tenía que ser  conducido a su lugar de trabajo.  Al parecer, este ejemplar funcionario, perdió la vista cuando afortunadamente ya sabía leer y escribir, situación ésta, que le valió la admiración de los jóvenes del mineral, los cuales se entretenían mandándole a escribir cartas para las niñas, con el único objeto de ser testigos de cómo este fenomenal hombre, podía escribir correctamente línea tras línea, guiado solo por el tacto, como si siguiera un reglón horizontal perfecto. Sin embargo, todo el gran movimiento extrayendo la riqueza de las entrañas de la tierra, para su despacho a los mercados extranjeros, hubiera sido estéril o antieconómico, si no estuviera funcionando él andarivel de seis kilómetros de extensión, cuyo comando estaba en la Estación de El Monte.  Desde allí se enviaban los capachos, uno tras otro, llevando sacos repletos de mineral de alta ley, a fin de extraer el cobre y también el oro según se dice por el proceso de fundición.  Luego, de Naltagua hasta La Puntilla de San Antonio llegaba el pequeño convoy de trocha angosta, tirando carros colmados de barras de cobre. Hay que hacer notar también, el servicio prestado por el andarivel a la hacienda San Antonio de Naltagua, dueña de prodigiosas tierras en las cuales se sembraba cáñamo  maní.  Además, había frutales y se fabricaba aceite comestible a partir de la maravilla.  Todos esos productos, que antiguamente se sacaban por medio  de balsas hacia Lo Chacón, comenzaron a transportarse por el andarivel sin contratiempo alguno, que pudiera ocasionar el inestable río Maipo.  Con el nuevo sistema, desapareció el lanchadero y la balsa para siempre.
Ahora, con respecto a la llegada a Naltagua de minerales de alta ley aurífera, se ha podido establecer que los sacos repletos de material, se arrojaban a los hornos sin abrir, perdiéndose así el envase, pero ni un gramo de metal.  También se cuenta que quienes trabajaban en los hornos, estaban juramentado de mantener el secreto de lo que en verdad fundían, y solo el sordo rumor circulante entre el personal y el campesinado, de que en el establecimiento se fundía oro a espaldas de las autoridades, solía escucharse aunque sin contar con las pruebas indispensables.  Lo único claro, es que a Naltagua vía andarivel, llegaban sacos llenos de minerales de vetas importantes, situadas a cientos de kilómetros de distancia.  Entre las más ricas tributarlas de la fundición  estaban: El Chivato de Maule, Tahuen, La Disputada, Alhué, El Cobre, El Soldado, Andacollo, Bellavista de San Felipe, etc.  Aquí en Naltagua se fundía con sumo cuidado, purificando el oro, y luego este metal era cubierto de unos baños de cobre, para sacarlo con destino a Europa, pagando  arancel irrisorio por barras valoradas en una fortuna.
Después que el visionario Presidente de la República, don Pedro Aguirre Cerda, creara la Corporación de Fomento a la Producción, un verdadero motor que industrializó al país, surgió el rumor en Naltagua de que las vetas cupríferas  se estaban agotando.  La razón radicaba en que la CORFO tenía en sus planes, crear la Fundición Nacional de Paipote en Atacama primero, y luego otra en Ventanas, para recuperar los minerales preciosos surgidos entre el cobre.  Con ello se terminaría de raíz el lucrativo negocio de las compañías extranjeras y éstas tuvieron a su favor el término de la segunda guerra mundial, que motivó al Gobierno a dictar un decreto autorizándolas a cerrar sus yacimientos.  De este decreto se aferró la Societé des Mines de Cuivre, para concluir sus operaciones en Naltagua, poniendo fin al período más próspero que jamás haya vivido esa histórica comunidad.
En el recuerdo de los Naltaguinos, quedaron las grandes celebraciones de la independencia nacional, en las que se premiaba tanto a los vencedores como a quién resultaba último.

Las competencias eran múltiples: tiro de la cuerda, fútbol, pruebas atléticas, carreras a la chilena y las más divertidas carreras de burros.  En ellas siempre triunfó el famoso “Parafina”, con su sistema de tirarle los pelos situados bajo la cola del asno, que presa de dolor, emprendía una loca carrera en demanda de la meta alzándose con la victoria.  Este secreto era desconocido por sus contendores, los cuales por más que se esforzaran, solo ganaban un buen disgusto y las bufonas risas de la concurrencia.
También desapareció el poderoso elenco del Estrella de Chile, varias veces campeón provincial.  Tampoco se escucharán de nuevo los gritos de “Cuchuchos”!, dirigidos por los mineros a los campesinos del fundo San Vicente, ni la respuesta de éstos: ¡Cállate “tiznado”!  Ahora los deslindes de alambre no se cambiarán cada año, pues la chimenea de la fundición no expedirá sus ácidas humaredas, oxidando cuanto metal se ponla a su paso.
La cuadrilla de trabajadores dirigida por el “cabo Maulén”, que por  años encauzaron el río, para permitir el buen funcionamiento de la lancha al pueblo de El Monte, también quedó cesante.  Nunca más se vio al “Turco Jacob”, buscando a los clientes que no le pagaban las hermosas tenidas “dieciocheras”.  Todo ha terminado y los entristecidos mineros inician su éxodo a los pueblos vecinos.  Muchos dirigieron sus pasos a la Isla, como otrora lo hicieran los seguidores de los hermanos Carrera.
Como un homenaje a esos esforzados trabajadores que, por espacio de casi cincuenta años, extrajeron de las profundidades de la tierra el cobre Naltaguino, y a los heroicos obreros de la fundición que a pesar del mortal humo se turnaban sin cesar para refinarlo. Hemos recogido el relato de la alumna Clorinda Escartín G. del sexto año de la Escuela Mixta Nº 29, publicado en el periódico “El Chiquitín” de Naltagua, en su edición número tres correspondiente al mes de Noviembre de 1937.  En el texto, la niña relata las penas y alegrías de la gente del establecimiento con una crudeza tal, que nos permite hacernos una idea cabal de como   transcurría la vida en el mineral, y muy especialmente las durísimas jornadas cumplidas por los trabajadores de la fundición, quienes recibían él apodo de “los tiznados” por su permanente contacto con el carbón, la chimenea y el humo.  Además, debían soportar un calor infernal que erosionaba gravemente su salud.  El relato aludido es el siguiente:

MINAS
Para una persona observadora, es nuestro mineral una fuente inagotable de acontecimientos, dignos de ser relatados por cerebros más capacitados que el mío. Pero como pueda coordinaré algunas idea. La vida en este mineral transcurre sin variación alguna, nada logra cambiar la vida en su sistema ya establecido. Ni los accidentes que a menudo ocurren, trayendo las consecuentes desgracias  a los hogares afectados, arranca el más pequeño signo de rebelión ante el destino inexorable, todo se acepta con una resignación digna de alabanza Pero de todos los grupos de actividades en que se divide el trabajo de la mina, merecen mi más profundo homenaje, los obreros que trabajan en Fundición. ¡Quién como yo haya observado de cerca la faena que desarrollan, la atmósfera que respiran  y como exterminan sus fuerzas, solo tendrían para esos seres respeto y compasión, ya que de manera tan dura y traicionera, les es posible pasar la vida ! Yo siento algo como gratitud hacia esos seres pálidos y extenuados,  que bajo las negruras del carbón y del humo  esconden unos ojos tristes, pero humildes, porque comparada mi suerte y la de los míos, con la vida de ellos, comprendo que es menos desgraciada y mis días con más estímulos para ser vividos.
¡Respeto y cariño merecen todos los mineros del universo, porque en Cada cantidad  de mineral que extraen de la tierra, dejan un poco de su propia vida. !

Fuente Relato:
Clorinda Escartín G. Escuela Mixta Nº 29 Naltagua,  Noviembre, 1937.

 

 

3 comentarios para ““El Mineral de Naltagua” Clorinda Escartín G 1937”

  • JOSE RAMON ESTAY MELLA says:

    MI PADRE SE CRIO EN ESTE MINERAL Y ME CONTO MUCHOS RELATOS DE ESOS TIEMPOS COMO EJEMPLO UN GRIGO LES ENSEÑO A LEER EN UNA BIBLIA Y A ESCRIBIR CON UNA LETRA ENVIDIABLE UNA CALIGRAFIA QUE YA NADIE ENSEÑA . ME EMOCIONA ESTO PORQUE ME ACORDE DE MI PADRE EL CUAL YA DESCANZA EN LOS BRAZOS DI MI DIOS AL CUAL ESPERO ALGUN DIA VOLVER A ABRAZARLO , GRACIAS POR ESTE HERMOSO TRABAJO Y SIGAN ADELANTE

  • Pablo Santibáñez says:

    Que gran documento. Información histórica y relevante que explica en parte el desarrollo económico de las provincias de Talagante y Melipilla a inicios del siglo XX. Nos enseña también que hubo una época en este país en que los gobiernos tenían una legítima preocupación por el desarrollo social y la protección de los recursos de todos los chilenos. Gracias.

  • Muy linda historia de nuestro Chile querido soy descendiente de esa zona por parte de mi madre me siento orgulloso por el relato del mineral de naltahua (actualmente vive mi abuelita en la fundición de naltahua)

Deja un comentario