Darwin Vargas Wallis “El compositor” Talagantino

El Talagantino Darwin Vargas Pertenece a un importante grupo de compositores Chilenos que empezaron a mostrar sus creaciones entre 1948 y 1950: un período de maduración, de apertura y de pluralismo de nuevas tendencias. Entre ellos están Juan Amenábar, Gustavo Becerra, Carlos Botto, Leni Alexander y Federico Heinlein .Debemos agregar además que existe un importante Festival de música contemporánea que lleva su nombre el cual es organizado hace varios años en el mes de Octubre por  el Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Una calle lleva su nombre.

La vida de un compositor.

Darwin Vargas Wallis, destacado compositor oriundo de Talagante, nació allí un día 8 de marzo de 1925, y este año cumpliría ochenta y seis años. Provenía de una familia arraigada en los alredores de la capital, de antepasados españoles e ingleses. Sus padres eran maestros de escuela: Berta Wallis Velascos y Miguel Jerónimo Vargas. Éste falleció cuando Darwin contaba con sólo doce años de edad, algo que repercutió en su vida emocional.

Pasión

Desde muy temprana edad sintió una profunda pasión por la música. Ya a los diez años comenzó a recibir lecciones de violín y a apartarse de los juegos infantiles y las amistades escolares, algo que desde un comienzo no le atrajo mayormente. Posteriormente, ya de adulto, fue empleado bancario, una actividad que más tarde abandonó para dedicarse íntegramente a la música y al cultivo del campo.

La innata intuición musical le llevó a elegir el camino de la creación, siendo en sus comienzos autodidacta. Luego ingresó al conservatorio, donde estudió piano y composición con Juan Orrego Salas, Domingo Santa Cruz y Jorge Urrutia Blondel. Este último, una importante figura de la música nacional, transmitió a Vargas Wallis muchos conocimientos que él, a su vez, había adquirido de sus maestros Pedro Humberto Allende y el ya mencionado Domingo Santa Cruz en Chile; Nadia Boulanger, Paul Dukas y Charles Koechlin en París; y Paul Hindemith en Berlín.

También incursionó desde joven como instrumentista en la guitarra, una pasión en la cual se sintió atraído por el folclore vernáculo, componiendo algunas piezas, las cuales hoy forman parte del repertorio en concursos internacionales, y frecuentemente son utilizadas como material didáctico en la enseñanza del instrumento en los principales conservatorios y academias del país.

En lo que respecta a su persona, era un ser muy amante del campo, algo que llegó a formar una parte componente de su creación sonora como fuente de inspiración -como muchas veces él mismo lo señaló-, que emanaba de una necesidad orgánica, la cual se extinguía al dejar en el escrito la última nota de una obra musical.

Fiel a su panorama, se identificó con un lenguaje musical propio, en donde desechó lo rebuscado y el uso de fórmulas y experimentos compositivos de vanguardia. En ello logró, sin apartarse del folclore vernáculo, amalgamar las técnicas de maestros de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Así se advierten tanto la influencia de Hindemith -de cuya obra fue un estudioso- como la del nombrado organista y compositor francés Marcel Dupré.

No sólo le atraía lo místico y religioso, sino también la capacidad de asombro, lo cual rodeó su espacio vital. Elegía la tranquilidad de las noches para trabajar en la creación musical, cultivando la tierra durante el día para con ello estar en un diálogo permanente con la naturaleza y llegar a amarla.

Creaciones

Su creación musical, que consta de alrededor de cien obras, abarcó diferentes géneros, en donde se destacan sus conocidos Preludios para guitarra (1963), sus dos elogiados Quintetos de Vientos (1968, 1972) y su Trío Talagante ’73 (1973) para clarinete, viola y piano. También se recuerda su conocida Obertura para tiempos de adviento (1960), una obra orquestal de alto vuelo, la cual se ha llegado a transformar, junto a su Misa dedicación del templo votivo Maipú (1974), y otras obras de compositores previos a su promoción, en clásicos de la música académica chilena.

Entre otras de sus creaciones, cabe mencionar su Sinfonía reflexión (1965), un título muy acorde a su personalidad y contenido sonoro. Es allí donde se advierte una marcada influencia de Hindemith, tanto en el elegante y sólido manejo de la orquestación, como en la búsqueda permanente de nuevas fórmulas y combinaciones contrapuntísticas.
Además del aniversario de su nacimiento, y del de su muerte (7-04-78) -causada por una afección cardíaca-, se debe recordar a Darwin Vargas Wallis con profundo elogio y admiración. Un hermoso recuerdo de un maestro que, como tantos otros hasta hoy injustamente relegados, dejó con su legado musical un valioso aporte a la música chilena y latinoamericana.

Profesor

En la clase nos explicaba, con mucha dedicación y entusiasmo, cada detalle histórico y teórico de cualquier narrativa musical, en donde cada ejemplo iba unido a un análisis propio, extraído de la literatura musical. Encontrábase siempre dispuesto a motivar e incentivar a los alumnos, lo cual irradiaba positivismo y entusiasmo por el saber y aprender.

Recordando a un maestro palabras de su alumno Diego M. Orellana

Vargas se identificó con un lenguaje musical propio, con el que desechó lo rebuscado y el uso de fórmulas y experimentos compositivos de vanguardia. En ello logró, sin apartarse del folclore vernáculo, amalgamar las técnicas de maestros de fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Se lo veía yendo a las aulas a realizar clases de contrapunto, armonía y materias teóricas; viajando en la semana más de 100 km desde su hogar hasta la antigua Escuela de Música de la Universidad Católica, ubicada en el cerro Barón de Valparaíso. Un señor de figura fina, esbelta, carácter bondadoso y sensible.

Le encantaba el enigma del contrapunto de Paul Hindemith y del legendario organista Marcel Dupré. Admiraba la escuela francesa de Gabriel Fauré y César Franck, la figura de Paul Dukas y la técnica de la orquestación; además de a otros grandes maestros de la época romántica y posromántica, como Grieg, Mahler y Sibelius.

Darwin Vargas es incluido entre “Los cuarenta principales de la música clásica chilena”

Un nuevo sitio web ofrece una recuperación patrimonial sin precedentes: las 40 obras del siglo XX que definen nuestra identidad nacional.

Romina de la Sotta Donoso explica: El tan arraigado concepto de “Cuarenta principales” -que son las canciones más transmitidas por las radios cada semana- está a punto de adquirir una nueva connotación.

Con un Fondo de la Música, el musicólogo Juan Pablo González y el compositor y etnomusicólogo Rafael Díaz – académicos del Instituto de Música UC- lanzan la “Guía auditiva de música chilena del siglo XX”. Esto es, una propuesta de cuál es el canon -o las obras maestras- de la música clásica chilena.

“Son los 40 compositores más valorados por sus pares, cuya obra está en discos compactos, y que generan discursos críticos”, explica González y aclara que “la música que no está grabada es muy difícil instalarla en nuestro patrimonio porque la gente simplemente no la conoce. En Chile no queda documentación sobre la vida de una obra después de su estreno, cuántas veces se volvió a tocar o qué impacto real ha tenido en la sociedad. Y, muchas veces, el estreno es debut y despedida”.

Algo que según Díaz está cambiando: “La repetición de las obras es menos inusual de lo que parece. Sucede que tiene un bajo perfil mediático. Pero desde los 90 se están dando muchas más ejecuciones de obras chilenas, debido al interés de los intérpretes, ellos son quienes logran que una obra chilena se toque”. Es que, aparte de los festivales especializados, siguen siendo pocos los escenarios disponibles. “Se supone que es más comercial programar una sinfonía de Beethoven que una de un compositor joven chileno; sin embargo, cuando se toca música chilena contemporánea se genera tal curiosidad que las salas se llenan”.

De la rica producción de música nacional da cuenta, en todo caso, la gran cantidad de discos de música chilena que se han publicado en el país en la era digital: entre 1993 y 2009 se grabaron 150 CD. En cambio, entre los años 50 y mediados de los 80 se editaron apenas diez títulos. Innegable, por cierto, es el rol que han cumplido el Fondo de la Música, la Asociación Nacional de Compositores (ANC), el Sello SVR y la Academia de Bellas Artes.

Vivir del oficio

Los cuarenta principales clásicos parten con Enrique Soro y su Concierto en Re mayor para piano y orquesta (1918) y “La voz de las calles” (1920) de Pedro Humberto Allende. Se suceden Leng, Cotapos, Urrutia Blondel, Isamitt, Orrego-Salas, Schidlowsky. La única mujer, Leni Alexander. También, Darwin Vargas, Alfonso Letelier, Juan Amenábar, al igual que maestros hoy vivos, como Fernando García, Gabriel Brncic, Miguel Letelier y Cirilo Vila. Se suman Sergio Ortega y Luis Advis y, ya con obras de los 90, aparecen Pablo Aranda, Carlos Zamora, Cristian Morales-Ossio, Alejandro Guarello, Gabriel Matthey, Guillermo Rifo. Cierra Aliosha Solovera. De cada composición se apunta su vida discográfica y su vida en el discurso periodístico, académico y crítico, así como un link dónde buscar el disco.

Varias singularidades aparecen en este canon. Primero, que el compositor chileno es además maestro, académico y gestor. “El mismo músico que forma a otros músicos está en los jurados, y define políticas culturales sectoriales. Es el modelo chileno, en el cual compositores se han hecho cargo de la vida musical del país. Es una injerencia que ha existido desde Domingo Santa Cruz y Gustavo Becerra, hasta el día de hoy. Otro fenómeno es que el 75 por ciento de los compositores hace clases. Es la única manera en que pueden vivir de su oficio”, reflexiona González.

Además, la mitad de las obras que tienen textos están en Mapudungún. “Desde Carlos Lavín y Carlos Isamitt, hasta hoy, la cultura mapuche ha estado muy cerca de la música académica. En los años 30 y 40 su presencia fue una forma en que la clase media buscaba des-elitizar a la música académica. Y en los 90 irrumpe nuevamente, cuando los medios masivos mediatizan a los pueblos originarios”, comenta Díaz.

Cómo se eligieron las composiciones” El canon define cuáles son las obras maestras, los referentes obligados”, explica el musicólogo Juan Pablo González. Respecto de los parámetros para elaborar los cuarenta principales chilenos, aclara que el primer requisito es que hayan sido obras “socializadas”, lo que hoy quiere decir que estén disponibles en CD. “También, que la obra haya generado discurso, ya sea en la crítica y la investigación musicológica o la crónica periodística”. Además, agrega, consideraron la evaluación de los pares. Rafael Díaz indica que “tratamos de elegir obras que hayan tenido una resonancia social, así como permanencia en las programaciones de la música chilena y en el repertorio de los intérpretes nacionales”.


Biografia

Nombre: Vargas-Wallis, Darwin
Fecha Nacimiento: 8 de marzo de 1925 en Talagante
Fecha Muerte: 7 de abril de 1988 en Santiago
Nacionalidad: Chileno

Compositor chileno, estudió en el Conservatorio de Santiago con Santa Cruz, Urrutia Blondel y Orrego-Salas. Simultáneamente fue ganando experiencia como director de coros y en 1956 fue nombrado director asistente del Coro de la Universidad Católica en Santiago.

Enseñó en el Seminario de Talagante de 1955 a 1962, la Academia González de Santiago entre 1964 y 1968, la Escuela Naval de Valparaíso (1971) y la Universidad Católica en Santiago (profesor de contrapunto y composición desde 1972). También escribió artículos para la Revista Musical Chilena, The South Pacific Mail y La Libertad.

Fue jurado permanente de composición en el Instituto de Extensión Musical (1968-69) y recibió varios premios por sus obras, tanto en los festivales de música chilena como en el extranjero. En 1960 fue premiado en el VII Festival por su obra Cantos del Hombre para barítono y orquesta. En 1974 escribió por encargo la Misa de la Dedicación del Templo Votivo de Maipú para mezzosoprano, coro y orquesta.

Vargas Wallis compuso más de 60 títulos, incluyendo partituras para orquesta, solistas y orquesta, coro y orquesta, obras de cámara, para guitarra sola y coro. Su misticismo personal se reflejó en esas y otras partituras, cuyo carácter lírico e introvertido incorpora el empleo de escalas modales y música folclórica chilena.

Un comentario para “Darwin Vargas Wallis “El compositor” Talagantino”

  • Alivia Vergara wallis says:

    Orgullosa de mi primo Darwin… lo conocí, era un Señor muy educado…. mis padres compartirían siempre con el… quiero destacar que era una persona muy católica como toda la familia wallis… gracias

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