Talagante Entre Visto (Memorias de Don Ladislao)

Talagante Entre Visto es un libro que incluye una extensa entrevista a Don Ladislao Barros Ovalle , quien con certera y aguda memoria plasma en este el trabajo de don Carlos Ruiz- Tagle Gandarillas (entrevistador) gran parte de nuestra historia mas contemporánea , este relato abarca desde 1920 en adelante y explica con lujo de detalles momentos únicos de la vida del Talagante en es siglo pasado … acá dejamos como muestra y adelanto el PROLOGO:

Pocas veces tenemos el privilegio de conocer a un hombre inteligente, culto, ladino, capaz de abarcar con su memoria la historia de 50 años del lugar donde ha vivido. Ladislao Barros Ovalle se va dejando caer de apoco y da, en este libro, testimonio de medio siglo pasado en un pequeño cosmos: el pueblo y los andurriales de Talagante. ¿Qué obra hay en Chile comparable a este recuento de Barros? Quizás Mi tío Ventura, de Ernesto Montenegro. O los percances de Pedro Urde-males, aunque estos no son chilenos, los embarcaron de España junto con el Quijote. Lo realmente importante de la obra que aquí se presenta es la óptica de un relator excepcional.

Nada puede interesarnos más que el punto de vista de Barros, el mundo según sus palabras. Talagante Entre Visto se inicia en un eje central que es la plaza-potrero, y termina con los procesos de cambio de la comuna, algunos más acertados que otros, según Ladislao Barros Ovalle. El relato se inicia en 1920, ése fue el año del Cielito Lindo, no tan lindo para los principales antialessandristas del país, los Barros. Ellos, por cierto, eran partidarios y muy cercanos parientes de Barros Borgoño. Ladislao, desde niño, desde la Escuela de doña Evangelina Martínez, era muy observador. Y, como suele ocurrir con estos niños curiosos, observaba justo lo inapropiado, esas cosas reunidas bajo el título general de “las cosas que no deben ver los niños”.

He aquí al entrevistado, que a los setenta es un hombre alto y cadencioso en el andar, en el respirar, en el semisonreír. El se jacta, al revés de algunos ex marqueses, barones y condes, de descender de unos almaceneros medio judíos: los Barros de Portugal. Sin embargo, Juan Luis Espejo, en su Nobiliario de la Capitanía General de Chile, Editorial Andrés Bello, 1967, asegura que estos mismos Barros de Ladislao arribaron a Chile a mediados del siglo XVI. Y el pionero fue Juan de Barros, que llegó a nuestro país con García Hurtado de Mendoza en 1557.

Por sus servicios fue agraciado con las encomiendas de Tango, Malloco, Ligueimo y Tobalaba. Entre 1558 y 1560 se casó con Inés de A lderete, hija de Gerónimo de A lderete, del cual habla en esta entrevista Ladislao. Además ha de considerarse que por su madre, los Ovalle, él pertenece a una de las familias más antiguas del país, con personalidades tan ilustres como Alonso Ovalle y José Tomás Ovalle, factor, al parecer, olvidado por nuestro relator.

En esta entrevista hecha con el concurso, el entusiasmo y el dictáfono de la secretaria María Teresa Torres, se hallan personajes y temas que, al no ser recordados tan a tiempo y grabados de alguna manera en la memoria de Ladislao Barros Ovalle, se hubieran perdido. Y entonces, ¿quién, con el correr del tiempo, más adelante, se habría acordado de las extrañas obleas H del farmacéutico Enrique Herrera; quién del coronel Domingo Toro contándoles a los niños, todos con ojos grandes y encantados, la Guerra del Pacífico en la Plaza de Talagante; quién de las carreras de gatos donde hacía maula el cura Jiménez; quién de las inverosímiles Milicias Republicanas? Hay muchas facetas en Talagante Entre Visto. A más de alguien le parecerá obra algo irreverente. Pero, ¿qué relator de casos y cosas tal como pasan en la naturaleza no ha sido irreverente? Aquí están los Undurraga y los Ochagavía.

Aquí está don Pedro Rico, pura plata, el hombre, no más. Y también se efectúa un catastro de los diferentes tipos de fantasmas. El doctor Barros señala, con esa manera acuciosa propia de un estudiante del Liceo Alemán y más tarde de Medicina, el papel que desempeñaban dichos fantasmas en la sociedad talagantina. Cosa de verlo y no creerlo. Además, había una señorita, no señora, también fantasma. Llega la Segunda Guerra Mundial.

Se destaca en Talagante ese coronel japonés, Chozo Ola, que no se atrevía salir de su casa situada en el centro mismo de la ciudad, lo pifiaban… Estadística realizada por Barros en los días más duros de la Guerra fue la siguiente: Un alemán correteaba como a 50 italianos, pero era capaz con 10 franceses, no más. Los números hablan por sí solos.

Se incluyen, para matizar, algunas sentidas Odas en esta obra. En la inspirada por el Comisariato, a no dudarlo, la lira de Barros alcanza su más alta expresión. Los curas no suelen dejarlo indiferente. Y qué decir de su Oda a los funcionarios de la Corporación de la Reforma Agraria que sólo puede compararse con la dedicada a las parcelas de agrado que, cosa curiosa, no dan ni han dado nunca agrado alguno. En este libro aparentemente liviano, hay todo un manual del agricultor.

Ladislao no sólo ha sido un conocedor del cultivo de la tierra y de la psicología de los trabajadores. Ha sabido, cosa rarísima en los patrones de fundo, estar desde las estrellas del amanecer hasta la noche a campo traviesa. Captó los detalles que los demás no tomaban en cuenta y eso, por cierto, constituyó, a la larga, la diferencia. Hay en este libro un testimonio de cómo se deben y cómo no se deben hacer los trabajos del campo. A veces el relator hizo las cosas mal y ahora reivindica esa misma actuación o la explica en su recuerdo.

En el centro del recuerdo, en la prodigiosa memoria suya, se halla el mérito de su testimonio, por no decir del testamento de Carampangue, que así se llama su fundo. Por último, este Barros presenta una característica única. Es un patrón que no confía en intermediarios. El comercializa sus granos, sus papas, sus porotos. Trabaja duro en este trámite y entiende bien cómo vender con provecho. Más de alguien, al oír sus decires y sus cuentos, se expresa de manera más bien despectiva y clama: —¡Son cosas de Barros! Pero esto, que parece una mala señal, significa que él tiene un estilo in-confundible. Es un don del cielo. Ya se quisieran tenerlo los demás.

Carlos Ruiz- Tagle Gandarillas

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