La Espuela del Diablo

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Por: Daniel H Belmar

Debajo de un parron, cuajado de uvas rosadas, estaba  sentado en su sillón el abuelo con sus nietos, disfrutando del dulce buque del verano, Pancho el menor remarco, cuéntenos un cuento abuelito.

El abuelo con una sonrisa lo miro, terminando de saborear una uva, comenzó a contarles con lenta voz:

Bueno, bueno, bueno. Hace ya muchos años, cuando yo era un niño, con dos amigos, el Mateo, y el Pato una noche de luna llena, decidimos de ir a ver el callejón del diablo, que había intrigado mis pensamientos, toda mi niñez.

Caminamos por la calle Peñaflor hacia las afueras de Talagante, todo iba bien, pero cuando pasamos el  cruce del tren, sentí un terrible escalofrío sobre mi espalda al ver la oscuridad entre las sombras de los árboles, mire a mi amigo el Mateo, que tiritaba de pie a cabeza de miedo, y con una mano temblorosa nos decía, desde esa esquina, comienza el Callejón del Diablo hasta Peñaflor.

El Pato que era el menor, dijo, tengo miedo, creo que es mejor que regresemos a la casa, por que ya es tarde, le dije  que no, vamos hasta el canal  San Rafael y regresamos, el Mateo para evitar que yo le dijera cobarde, respondió, bueno.

Continuamos caminando sobre el callejón del diablo, un gato negro se cruzo como una saeta frente a nosotros, desapareciendo sobre el pasto largo que crece a la orilla del camino el Mateo, exclamo temeroso: ¡Un gato negro es mala suerte!

Si le respondí  un perro negro es peor, por que te muerde.

A lo lejos se escuchaban los cascos de un caballo corriendo sobre el camino, nos miramos unos con los otros, por instinto corrimos y nos ocultamos entre las ramas de un sauce llorón.

Para mayor sorpresa nuestra, a corta distancia, vimos a la luz de la luna, que eran dos caballos, que galopaban velozmente con jinetes en sus grupas.

El caballo que venia adelante era un soldado español de la conquista, en un caballo blanco con corazas de metal, corría despavorido, arrancando del  otro caballo, que era negro lo montaba un guaso bien aperado, de los nostriles del caballo del guaso, cuando respiraba salían chispas, como las de un hierro contra el esmeril, al compás del galope, las rodajas de las espuelas del huaso tintineaban, se veía alrededor del jinete y el caballo, destellos de luces que iluminaban el callejón ¡Ese es el diablo!, los tres dijimos a coro.

El conquistador español, paro el caballo frente a nosotros. Desenvaino una gruesa y larga espada.

El diablo paro en seco su galope, frente a nosotros, salían chispas de los casco del caballo sobre las piedras.

El caballo del guaso lleno de energía como un motor a vapor vibraba El diablo daba grandes y largas carcajadas haciendo temblar el aire.

El español con la espada en alto lo espero.

Yo sentí que corría hacia abajo por mis muslos algo tibio, sentía tiritar de miedo los cuerpos de mis amigos.

El diablo con áspera vos dijo: Por no cumplir con el pacto que hicisteis conmigo tienes que morir desgraciado.

No el español grito desesperadamente, me defenderé hasta la muerte.

El diablo saco la penca de las riendas de su caballo y con una risa sarcástica mostrando la gruesa argolla de su penca grito. De un argollazo te matare.

Se trenzo una pelea dentro de una polvareda sobre el camino, ruidos metálicos cortaban el silencio de la noche, el aroma de la primavera se torno en un olor sulfúrico, el conquistador aterriza un golpe de su espada en la rodaja de la espuela del diablo quebrándola, salto tintineando hasta mis pies. El diablo al ver quebrada su espuela furioso, le dio un golpe en la cabeza con la argolla de la penca, partiendo el casco de hierro, derribando a jinete y caballo sobre el camino.

El diablo poniendo la penca en las riendas del caballo, miro con desprecio a su contendor, y dando la vuelta en una pata del caballo, de un galope desapareció por el callejón.

Mire a mis pies y con la luz de la luna pude ver la rodaja de la espuela del diablo la tome estaba caliente todavía y la puse en mi bolsillo.

Vi al conquistador español tendido que se esfumaba rápidamente, como el polvo sobre el camino hasta que desapareció, mire al Mateo, y al Pato y palpe sus rostros helados de miedo.

Aqui se acabo el cuento, se lo llevo el viento, pasa por un zapatito roto, hasta que les cuente otro Pancho con cara de sorpresa y de miedo, pregunto Abuelito y que hizo con la rodaja de la espuela del diablo.

El anciano sonriendo miro a la esquina del parron, con su dedo apunto a uno de los postes, hay esta colgada de un clavo la rodaja de la espuela del diablo, hasta que el diablo pase a buscarla. Los niños corrieron para ver con sus ojos la prueba de evidencia del cuento del abuelo.

Para mi nieta María José

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