Recuerdos e historias de la calle Eyzaguirre.

Relato de la Sra. María Aceituno Morán vecina del sector Eyzaguirre quien plasmo en este escrito la vida  de los vecinos de la calle de “LOS PESCADORES”  , en el se describe  con lujo detalles como era Eyzaguirre por allá por 1900. Este relato fue escrito a mano y sabemos fue donado a la biblioteca de Talagante.

Relato de la Sra. María Aceituno Morán

Volviendo a la época de mi niñez y juventud, las que pasé en este barrio, voy a contarles mis recuerdos de los vecinos de la calle Eyzaguirre, comenzando desde la plaza hacia la barranca del río.

En la primera cuadra, donde está actualmente la ferretería, se encontraba el almacén “El Cañozo” cuyo dueño era Don Florencio Rojas.

En la cuadra siguiente vivía la familia Yupangui, oriunda de Talagante. Durante esta época de cuasimodo, la señora Orfilia Yupangui era la única persona en Talagante que adornaba el frontis de su casa con gran esmero, con angelitos “vivos” representados por niñitas de siete años vestidas primorosamente, también ponía una alfombra roja, velas, muchas flores, la imagen de la virgen de Lourdes, etc. La carroza del cura párroco se detenía a darle la comunión a la dueña de casa. Su hermano Don Arturo Yupangui, es uno de los fundadores del cuasimodo en Talagante.

Su madre, Doña Elizalda Campos de Yupangui había tenido 12 hijos y por muchos años se le veía a la salida del teatro “Victoria” con su piso de madera, su canasto y su braserito, vendiendo empanadas, dulces y patitas de chancho.

Además eran primas de la conocida cantante folclórica y actriz Ester Soré, quien grabó varios discos y participó en le película “El amor que pasa”, en la que yo trabajé como extra en una escena de iglesia grabada en el paradero 13 de la Gran Avenida, en la calle Carmen Mena, en la Iglesia Santo Cura de Ars. Los protagonistas eran Ester Soré, Carlos Moneada, Lucy Llarnis y Yoya Martínez.

En la vereda del frente estaba la panadería “La Espiga de Oro” de Don José Brancoli. Enseguida estaba la casa de la familia Marambio y la panadería de la familia Barsochini.

En la cuadra siguiente vive la familia Herrera que trabajaban un almacén y verdulería que aún existe y que todos conocen como “EL KIKE”.

Al lado vivía Don Manuel Puga, nacido en Talagante. Su hija Olga que es la única de la generación que todavía vive, tiene 80 años y tuvo 12 hijos. Su padre tenía coches tipo “VICTORIA” para ir a esperar a la gente a la Estación de trenes y falleció a los 101 años.

En la esquina de Miraflores existía una casa de remolienda, donde se tocaba el arpa, se bailaba y se atendía a los parroquianos. La dueña era “ÑA” Juana Rosa.

En la cuadra siguiente se encuentra el molino, que ha permanecido en Talagante por muchos años, dando trabajo a varias generaciones del sector.

En la esquina del frente estaba Don Armando Rojas, con su almacén característico y muy conocido que ya no existe. Uno de sus hijos, Don Carlos Rojas, es un destacado vecino de Talagante miembro actual del directorio de la Coocretal.

Pasando la línea férrea esta la casa esquina que pertenece a la familia Arancibia.

Enseguida venía la Hostería “Quinta de Recreo” de la Señora Fany de philipi, que ya no existe, y que ofrecía alojamiento a las familias de Santiago, comedores con ambiente familiar, rodeadas de parrones, con comidas a la chilena, especialidad de la casa era las empanadas, pastel de choclo y cazuela de ave. Esta Hostería era muy conocida y apreciada por los vecinos, y daba trabajo a muchas personas durante la época de verano.

La casa esquina de la vereda de enfrente perteneció a la familia Navarro, ahí cultivaban y se vendían flores, especialmente crisantemos. También se amasaban y vendía pan cocida en barro y leche al pie de la vaca.

Enseguida viene la casa de la familia Morán que es mi familia. Yo recuerdo a mis abuelos que vivían allí con sus 13 hijos, entre ellos mi madre Luisa Morán Reyes. Ella me contaba que mi abuelo tenía 12 jaulas con gallos de peleas muy envidiado por ellos. Y ocurría que todas las noches a alas 12 aparecía una mano con una vela y les abría las puertas a las jaulas, entonces los gallos se salían y se ponían a pelear y los perros a aullar, formándose un gran alboroto y había que levantarse a encerrar los gallos.

Esta mano fantasmal fue vista por todos mis tíos y mi mamá decía que era de “ÑA” Pancha Sorda, una señora que había vivido en el callejón vecino y que todos decían que era “Martes hay Mates” (bruja), que le tenía mucha envidia a mi abuelo y por eso hacía ese tipo de maldades.

Ellos habían comprobado que era ella, pues una ocasión en que mi abuelo y su hermano estaban regando el sitio, se les apareció una rana inmensa que obstaculizó el paso con actitud amenazadora. Entonces mi abuelo le cerró el ojo a su hermano preguntándole si se daba cuenta de quien era la rana y su hermano le asintió con la cabeza y enseguida le dio un tremendo golpe con la pala dejándola aturdida y luego la agarró de una pata y la tiró fuerte hacia el sitio de la señora. A la mañana siguiente amaneció “ÑA” Pancha Sorda en cama, y así se dieron cuenta que realmente era ella la que hacia todos los males de la casa, por su envidia. Yo pasé mi niñez en esa casa y lo recuerdo como los días más hermosos de mi vida, cuando junto con los vecinos de mi edad jugábamos a las escondidas; a tirar la piedra con el pañuelo hacia el cielo y así hacer que los murciélagos la siguieran; a las visitas que atendíamos con juegos de té de juguete hechos de greda que mi madre hacia, ya que era artesana de la greda. Mi madre además preparaba dulces chilenos muy ricos que vendía en la plaza durante un tiempo, antes que yo naciera.

Una de mis tías tocaba el arpa en las novelas del niño Dios durante la época de Navidad. Mis tíos se dedicaban a pescar en el río, junto con otros vecinos de apellido Ríos, y la pesca la entregaban al Mercado Central de Santiago ya que eran bien cotizados los pejereyes y demás especies que sacaban.

Por esta actividad se les llamó también la calle de “los pescadores”, y el último pescador fue mi tío Raimundo Morán Reyes, quien falleció hace un año, a la edad de 90 años.

A continuación viene la casa de la familia Ayala, luego viene un callejón donde vivía la Señora Magdalena que veía la suerte.

Luego del callejón viene la población de los antiguos empleados de la empresa Champion de la familia Aguado. En el terreno donde se levantó esta población existió antiguamente un potrero que lo llamaban “el potrerillo del cura” porque aparecía todas las noches el fantasma de un cura, hasta que una noche se les apareció una viuda de negro con enaguas blancas, y ellos se hicieron los valientes y apostaron quien era el más gallo para ir a tocar la viuda, uno de ellos se acerco con una cuchilla y al ir a tocarla le dio una puñalada y sonó como algo metálico, y este muchacho se desmayo del susto y la viuda desapareció, todos huyeron despavoridos y ya nunca más volvieron a jugar ni acercarse al “potrerillo del cura”

Luego del potrero viene la casa de Don Julio Ríos, allí vive actualmente su hija.

Hubo un año en que se declaró el Cólera y a los cadáveres los metían en sacos y los llevaban en carretillas desde el hospital hasta el río, pasaban por la calle Eyzaguirre y los hechaban en una fosa con cal. Este procedimiento estaba a cargo del comandante Alvarado de Carabineros,. Él buscaba a los viejitos más “curaditos” del pueblo para que hicieran esta labor, ya que nadie quería acercarse a las personas afectadas por la peste del Cólera.

Otra de las historias que se contaba en el barrio era la de un burro que aparecía al caer la tarde en la barranca, y sucedió que había un grupo de niños que se juntaba a jugar y dijeron “Subamos al burrito”, y alcanzaron a subirse solo tres, cuando uno de ellos se da cuente que el burro, iba alargándose; se asustaron y se tiraron del burrito, y en el alboroto el burro desapareció.

Con todas estas historias la gente decía que era el “Malulo” que existía en esos años del 1800 y que rondaba por la línea del tren, por el puente, por la barranca, por el cerro, por la calle Eyzaguirre… y todo lo que he contado es la pura y santa verdad.

Un comentario para “Recuerdos e historias de la calle Eyzaguirre.”

  • John Toledo M. says:

    Mi papa me contó eso del burro….cuando se dieron cuenta que el burro se alargaba, uno dijo: Virgen santísima, el burro pa largo!!! y ahí desapareció….saludos

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